MICROEMBALSES DE RETARDO: LA OBRA CLAVE PARA FRENAR LAS INUNDACIONES EN DEL CAMPILLO Y ZONA
Redacción Cabledigital
Ante la amenaza o llegada de un año “Niño” y las intensas lluvias, la infraestructura hídrica y el mantenimiento de los caminos rurales vuelven a estar en el centro del debate. Existe una solución técnica validada y efectiva que demostró su utilidad tras las últimas inundaciones, pero que aún enfrenta un obstáculo imprevisto: la falta de consenso de algunos productores para ejecutar la totalidad del proyecto.
En el Camino Provincial Nº 15 ya funcionan contenedores y alcantarillas de retardo de gran envergadura colocados por la provincia —obras de hasta 80 metros de ancho por 1,5 metros de alto— ubicadas estratégicamente en sectores como Las Horquetas (frente al Río Quinto) y la Estancia Isabela.
¿Cómo funcionan?
Los Microembalses de Retardo Temporario actúan como verdaderos “semáforos hídricos”: no frenan el flujo de forma definitiva ni anegan campos, sino que regulan el escurrimiento, bajando la fuerza de la corriente por decantación para evitar que el agua “se lleve todo puesto” a su paso.
“No es nada hecho a la ligera, se trata de un proyecto diseñado por el Ing Agr David Torres con fondos apartados por Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos”, explicó Forgia, referente del Consorcio Caminero.
El plan original y las resistencias
El proyecto original contemplaba un sistema continuo de 10 contenedores distribuidos de Oeste a Este. Sin embargo, no todos pudieron concretarse debido a la negativa de algunos propietarios que temieron sufrir anegamientos en sus campos, obligando en algunos casos a dar marcha atrás con trabajos ya iniciados.
“A veces falta cultura o mirada integral. Es una lástima, porque esto representa un alivio colectivo para ordenar por dónde entra y hacia dónde descarga el agua”, remarcó Forgia, señalando la necesidad de concientizar sobre el impacto positivo que estas obras generan a escala comunitaria.
Un trabajo en equipo: de la cuenca al lote
Los especialistas y consorcistas coinciden en un punto fundamental: los microembalses en los caminos rurales no pueden actuar solos. Para que el sistema sea eficiente, debe acompañarse con prácticas de conservación dentro de los mismos lotes agrícolas. Si el suelo capta la lluvia donde cae, no sobra agua en la cuenca, evitando así el deterioro acelerado de la red vial rural y el riesgo de anegamiento en los cascos urbanos de la zona.
La tecnología y los estudios técnicos están listos; el desafío actual pasa por lograr el compromiso y la visión conjunta de toda la comunidad productiva para proteger el territorio antes de que los grandes caudales vuelvan a golpear
