HISTORIAS QUE DEJAN HUELLA | El emocionante reencuentro de una querida docente rural con sus alumnos después de 46 años
Redacción Cabledigital
El tiempo pasa, pero los lazos que se siembran desde el corazón son indestructibles. Así lo demostró María del Carmen Nievas, una docente huinquense de gran trayectoria en nuestra región y las escuelas rurales, quien el pasado viernes 26 de junio vivió un momento que describe como “inolvidable”: reencontrarse con dos de sus exalumnos luego de casi medio siglo sin verse.
El encuentro tuvo como protagonistas a Élida (su exalumna de jardín) y a Mario (su exalumno de primaria), pertenecientes a la recordada Escuela “Domingo Martínez de Irala” de la Estancia “Las Horquetas”.
Una voz que desafió los pronósticos
Curiosamente, el reencuentro comenzó con un sonido del pasado. Sus alumnos la reconocieron de inmediato por su voz. “Mi voz atiplada, muy aguda y un tanto chillona”, recuerda María del Carmen con humor.
En sus inicios, un examen psicofísico dictaminó que “no debía dar clases” por sus condiciones vocales. Sin embargo, con fe, la guía de su madre y muchísimos ejercicios de relajación para evitar la afonía, logró construir una carrera intachable de 36 años de docencia.
“Con mis alumnos aprendí que debía hablar con voz baja y respetuosa. Que solo debía alzar la voz para cantar. El cerebro de los niños se bloquea con los gritos y no pueden aprender”, reflexiona la docente, dejando una verdadera lección de pedagogía y amor.
Escuchar sus nombres y revivir sus relatos transportó a María del Carmen inmediatamente a aquellos días en el campo. Recordó el frío, los calores, el mate cocido compartido y esa comunidad que formaba junto a los padres y el personal de la Estancia, a quienes hoy recuerda con profunda nostalgia y respeto.
Hoy, al ver a esos niños convertidos en adultos con sus propias familias, trabajadores y luchadores, la querida docente confirma que el esfuerzo valió la pena: “La semilla que sembramos juntos… floreció”.
La joya más preciada
Para un maestro, no hay herencia más grande que el agradecimiento. María del Carmen cerró su emotivo mensaje agradeciendo a Élida (quien sigue sus pasos en la docencia) y a Mario por no olvidar sus raíces:
“Que me recuerden con tanto cariño es la joya más preciada que la vida me ha concedido… Gracias por permitirme haber sido parte de su hermoso viaje”.
El tiempo vuela, las estructuras cambian y las épocas doradas quedan en el ayer, pero como bien dice María del Carmen: el verdadero vínculo se sostiene. ¡Gracias por tanto, Maestra!
