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EL HILO QUE UNE A VILLA HUIDOBRO CON EL INFIERNO DE LA PERLA: APARECIÓ LA MEDALLA DE LA VIRGEN NIÑA TRAS 50 AÑOS

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Por Ignacio Castro

La última dictadura cívico-militar en Argentina dejó miles de historias, todas trágicas. Pero la de, Graciela Geuna, no deja de sorprender. Recientemente, una medalla desenterrada entre los restos de 12 personas desaparecidas por el terrorismo de Estado volvió a hacer latir esa herida que no cierra. Se trata de una medalla con la imagen de la Virgen Niña, patrona de Villa Huidobro, de donde es oriunda su familia.


 

El vínculo con Villa Huidobro: la diferencia entre la vida y la muerte

La historia de la medalla cobró notoriedad en medios nacionales, pero oculta un detalle que para Graciela significó seguir con vida en medio del infierno: su raíz familiar en el sur de Córdoba, de hecho los abuelos de Graciela, ya eran nativos de la localidad, Victorio y María Eufrasia Mariquita Rossignol. El hecho de que uno de los más temibles represores conociera a sus padres fue, probablemente, lo que marcó la diferencia entre su destino y la desaparición definitiva.
Graciela le había entregado esa medalla de la Virgen Niña a su esposo, Jorge, como símbolo de protección días antes de ser secuestrados por la patota militar. Fue hallada casi 50 años después.

El horror en “La Perla”

Secuestrados en junio de 1976, fueron trasladados al centro clandestino de detención “La Perla”, uno de los 800 que la dictadura diseminó en el país bajo un plan sistemático de tortura. Allí, Graciela fue testigo del asesinato a sangre fría de su marido y del secuestro de decenas de adolescentes, incluso una mujer murió en sus brazos tras una salvaje tortura.
Nada hacía presagiar que saldría viva. En una oportunidad, logró conseguir una hoja de afeitar pensando en quitarse la vida, pero la descubrieron y le advirtieron tajantemente: “Nosotros decidimos cuándo te vas a morir”.

Una voz conocida en la oscuridad

Con los ojos vendados y tras sufrir torturas, un día escuchó una voz que le cambió el destino: “¿Vos sos hija de Toto o de Chiquito?”, le preguntó el entonces Teniente Coronel Raúl Eduardo Fierro, jefe de inteligencia del Tercer Cuerpo y segundo de Menéndez. Ese fue su “pase de salida”.
“Toto” y “Chiquito”, padre y tío de Graciela, eran de Villa Huidobro. Fierro, aunque nativo de Buenos Aires, tenía familiares en la zona de Rancul y Huidobro; probablemente se conocían de las colonias rurales. Fierro fue al centro clandestino directamente a preguntar quién era esa joven Geuna porque la había visto en las listas del Tercer Cuerpo. “Yo ahí deduje la existencia de las listas”, reflexionó Graciela en una reciente entrevista con Guillermo Geremia. “Yo estaba vendada, no lo veía, y pensaba: ¿cómo sabe tanto este hombre? Y era por Villa Huidobro”.

El secuestro y el destino de Jorge

Graciela venia de una familia antiperonista sin embargo en la Facultad se unió al Peronismo,  “porque fueron los que a mí me abrieron la luz sobre una democracia que en el fondo yo no había vivido nunca. No duró mucho porque poco después estuvo el Navarrazo, después la represión en la calle y cambió ese aire. La gente de mi edad habla de la “Primavera camporista” y eso se empezó a cerrar muy rápido”, dice y agrega, “mi idea inicial era participar en la ampliación democrática, pero militar terminó siendo defensivo porque cada vez más avanzaban los sectores paramilitares y parapoliciales que entraban en la facultad con palos y cadenas”, contextualiza el contexto que se vivía en ese entonces. Graciela tenia 20 años y estudiaba abogacía en la Universidad nacional de Córdoba. Graciela tenía 20 años y estudiaba abogacía en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). El 10 de junio de 1976 fue secuestrada junto a su esposo Jorge (22). El Comando Libertadores de América fue el responsable. Intentaron escapar tirándose de los autos frente a la sede de Industrias Mecánicas del Estado (IME), pero a Jorge lo acribillaron por la espalda y desaparecieron su cuerpo.
Graciela permaneció en cautiverio hasta 1978, cuando fue liberada bajo vigilancia tras sufrir tormentos físico y psicológicos por parte de represores como, Héctor Vergez, entre otros.

El hallazgo de la medalla

La medalla dorada, con la leyenda “Graciela, 3-9-1974”, fue un regalo para su cumpleaños número 19 que ella le dio a Jorge para protegerlo. El objeto apareció recientemente junto a restos óseos recuperados entre septiembre y diciembre de 2025. “Cuando vimos que nos estaban matando a todos, unos días antes de que cayéramos, se la puse alrededor del cuello para que lo protegiera. No recuerdo qué me dijo ni sé qué pensó, pero sé que la aceptó y ya no se la sacó más. La tuvo hasta el final”, dijo a Página 12 tras conocerse la novedad. 
Aunque no se hallaron huesos que confirmen la identidad de Jorge, la presencia de la medalla es una prueba irrefutable de que él estuvo allí. “Se la di a mi marido para que lo protegiera, pero no fue así. Estaba algo enojada con la medallita. Hoy estoy contenta porque tengo la certeza de que estuvo ahí”, confesó Graciela, quien ahora evalúa si donarla a un centro de memoria o conservarla.

El exilio y la justicia

“Papá y Mamá me ayudaron muchísimo, mi papá entonces me dice que yo no podía quedarme y que debía irme del país porque acá podía pasar cualquier cosa con estos tipos, primero me mandaron a la Patagonia en un momento que los militares ya habían cerrado los campos y para ese entonces yo me voy con curas que había conocido en Río Cuarto todos del Sagrado Corazón, la Parroquia de la familia (en Villa Huidobro).ñ En particular al Padre Victoria Zapelena. “Y ellos me reciben, me quedo unos meses mientras habíamos pedido el pasaporte y me lo dieron como yo no tenia antecedentes porque la represión era todo ilegal, ojala hubiese sido legal y me hubiesen juzgado por ser militante de JUP, en vez de tenerme dos años vendada y torturada”. reflexiona.”. Graciela logró exiliarse en Suiza. Se recibió de abogada en España y trabajó en la OIT (Organización Internacional del Trabajo), dedicando su vida a la justicia social.

Graciela dijo que cuando llegó a La Perla los datos de las actividades que hacía estaban documentados. “Conocíamos la complicidad y aunque no sean las autoridades actuales las responsables sí hay una responsabilidad institucional. Es parte de la construcción de la memoria porque aquí hay muchos compañeros vivos y otros desaparecidos”, detalló.
Como reflexionó el periodista Guillermo Geremia: “Miren lo que es la proximidad en medio del horror. El hijo de una familia de allá era el segundo de los más perversos genocidas, y eso la salvó porque la conocía. Hoy, esa medalla vuelve”.

Pasaron 50 años. Entre huesos y silencios, regresó una pequeña Virgen Niña (que representa la protección y la esperanza), patrona de ese lugar, el más austral de la provincia llamado Cañada Verde, simbolizando que, a pesar del tiempo, la memoria siempre encuentra su camino de regreso a casa.

*Nota realizada en base a entrevistas a Graciela publicadas por el Periódico de san Francisco, Página 12, Así Son Las Cosas de Río Cuarto y el propio testimonio de Graciela brindado a la Justicia.

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