Por Lic. Pamela Forestello
Las separaciones de pareja no siempre terminan cuando se firma un acuerdo o se cierra una puerta. Y esto es un hecho que sucede en todos los estratos sociales y culturales, y si no, basta con ver los programas de espectáculos para comprobarlo.
En muchos casos, el conflicto se traslada a otro terreno: el cumplimiento (o incumplimiento) de la cuota alimentaria. En ciudades y pueblos del interior cordobés, esta problemática aparece cada vez con mayor frecuencia en consultas legales y en los juzgados de familia.
Detrás de cada reclamo hay historias complejas. Madres, en su mayoría, que señalan dificultades para cubrir gastos básicos de sus hijos, y padres que, en algunos casos, argumentan no contar con ingresos suficientes o cuestionan los montos establecidos. Entre versiones cruzadas, los niños y adolescentes quedan en el centro de una disputa que muchas veces se prolonga en el tiempo.


Según profesionales del ámbito jurídico consultados, uno de los principales problemas es el incumplimiento parcial o total de la cuota alimentaria. Queda claro que no se trata solo de dinero, sino de garantizar derechos básicos como alimentación, educación, salud y vivienda. Y en este punto, la legislación argentina es clara al respecto: la obligación alimentaria es un deber de ambos progenitores, en función de sus posibilidades económicas.
En este contexto, el Código Civil y Comercial de la Nación Argentina establece que la cuota debe cubrir todo lo necesario para el desarrollo integral de los hijos, incluyendo gastos cotidianos y extraordinarios. Sin embargo, en la práctica, la falta de acuerdos claros o el incumplimiento generan tensiones que impactan tanto en lo económico como en lo emocional.
En localidades más pequeñas, donde “todos se conocen”, el conflicto adquiere además una dimensión social. Las disputas pueden trascender el ámbito privado y convertirse en tema de conversación, lo que muchas veces dificulta aún más la posibilidad de diálogo entre las partes.
Desde el ámbito judicial, se promueven instancias de mediación como una vía para evitar procesos largos y desgastantes. La mediación busca que ambas partes puedan llegar a acuerdos sostenibles en el tiempo, priorizando el bienestar de los hijos por sobre las diferencias personales. Sin embargo, no siempre resulta suficiente, especialmente cuando los conflictos de pareja “ciegan” a los protagonistas al punto de no ver el efecto en sus propios hijos.
A esto se suma un fenómeno creciente: el uso de redes sociales para exponer situaciones personales. A diario se pueden encontrar publicaciones indirectas, reclamos públicos o acusaciones cruzadas que agravan el conflicto y alejan cualquier posibilidad de resolución, además de la exposición a la que se ven expuestos los menores, con todo lo que ello implica.
Desde otra perspectiva, estas disputas generan angustia, inseguridad o sentimientos de culpa en los menores. Es por tal motivo, que los profesionales de la psicología afirman que “los hijos no deberían quedar en el medio de un conflicto de adultos”.
Frente a este escenario, especialistas insisten en la importancia de construir acuerdos claros, realistas y revisables en el tiempo, teniendo en cuenta los cambios en la situación económica de cada parte. También destacan la necesidad de separar el conflicto de pareja de las responsabilidades parentales.
Porque, más allá de las diferencias, la cuota alimentaria no es un castigo ni una negociación: es un derecho de los hijos. Y garantizar esta cuota implica, en definitiva, asumir que la responsabilidad de cuidar y sostener no termina con la separación.

