Por Lic. Pamela Forestello
Durante mucho tiempo, el amor en la tercera edad fue tratado como un tema incómodo, silencioso o incluso invisible. Sin embargo, los sentimientos, la compañía y la necesidad de compartir la vida no tienen fecha de vencimiento. En clubes de jubilados, plazas, talleres culturales y redes sociales, miles de adultos mayores vuelven a enamorarse y desafían prejuicios que todavía persisten en parte de la sociedad.
Lejos de las miradas estereotipadas, el amor después de los 60 o 70 años aparece muchas veces con una intensidad distinta, más serena y profunda. Ya no se trata únicamente de construir proyectos materiales o formar una familia, sino de encontrar alguien con quien compartir conversaciones, rutinas, viajes, mates o simplemente silencios.
Lejos de evitar este tema dentro de la familia, es imprescindible comprender que el vínculo afectivo cumple un rol fundamental en la salud emocional de las personas mayores. La compañía ayuda a combatir la soledad, fortalece la autoestima y mejora la calidad de vida. En una etapa donde muchos enfrentan duelos, cambios físicos o el alejamiento de familiares, volver a enamorarse puede convertirse en un motor vital inesperado.
En localidades del interior argentino, como Huinca Renancó por ejemplo, donde la vida comunitaria conserva espacios de encuentro más cercanos, las historias de amor en la tercera edad suelen iniciarse en ámbitos cotidianos. Un taller de folklore, una clase de gimnasia, un viaje de jubilados o una peña pueden convertirse en el inicio de nuevas relaciones que rompen con décadas de prejuicios culturales.
Pero, de igual manera, las nuevas tecnologías también transformaron el escenario. Cada vez más adultos mayores utilizan aplicaciones de mensajería, redes sociales e incluso plataformas de citas para conocer personas. Lo que antes parecía impensado hoy forma parte de una realidad cada vez más común.
Muchas veces, el amor en esta etapa llega acompañado de mayor libertad emocional: menos presiones sociales, menos necesidad de aparentar y más autenticidad para expresar sentimientos. Sin embargo, todavía existen barreras. Algunas personas mayores sienten temor al qué dirán de sus hijos o nietos. Otras enfrentan prejuicios que consideran que el romance pertenece exclusivamente a la juventud. Esa mirada, profundamente arraigada durante generaciones, comienza lentamente a cambiar.
Pero quizás lo más importante sea entender que el amor en la tercera edad no necesita justificarse: es una expresión natural de la condición humana. La necesidad de afecto, escucha y compañía permanece viva durante toda la vida.
En tiempos donde la sociedad suele rendir culto permanente a la juventud, las historias de amor entre adultos mayores recuerdan algo esencial: nunca es tarde para emocionarse, para volver a ilusionarse o para encontrar a alguien que haga más livianos los días.
Porque el amor, al final, no entiende de edades. Entiende de encuentros. ¿Conocen de estas historias?

