Por la Lic. Pamela Forestello
En la provincia de Córdoba, la situación económica de los docentes se ha convertido en una problemática social que excede el ámbito educativo. Los bajos salarios, la pérdida del poder adquisitivo y el aumento constante del costo de vida han llevado a una parte importante del sector a buscar ingresos extras para poder sostener a sus familias. Seguramente todos conocen a docentes que se dedican, además, a venta de diferentes productos o a la realización de labores en horarios nocturnos o fines de semana.
Esta realidad no solo impacta en la economía del hogar, sino también en la salud mental y emocional de quienes sostienen diariamente el sistema educativo.


Diversos relevamientos recientes muestran un panorama alarmante: cerca de la mitad de los docentes cordobeses necesita realizar trabajos adicionales para llegar a fin de mes. Un informe difundido en marzo de 2026 (Cadena 3, Argentina) señala que aproximadamente el 45% de los trabajadores de la educación desarrolla alguna actividad remunerada extra, ya sea dentro o fuera del ámbito escolar.
A esto se suma un dato aún más preocupante aportado por Sitios Argentina: un 34% de los docentes se encuentra por debajo de la línea de pobreza, mientras que un porcentaje menor, pero significativo, no alcanza siquiera a cubrir la canasta alimentaria básica. Esta situación obliga a muchos profesionales a multiplicar sus jornadas laborales: clases en distintos establecimientos, apoyo escolar particular, emprendimientos personales o incluso trabajos ajenos a la educación.
El pluriempleo, lejos de representar una elección, se ha transformado en una necesidad. La consecuencia directa es el aumento del cansancio físico y mental. Las extensas horas de trabajo, sumadas a los tiempos de traslado, la planificación de clases, la corrección de actividades y la creciente demanda administrativa, generan altos niveles de estrés.
En este contexto, también se observa un incremento en las consultas psicológicas entre docentes. La incertidumbre económica, la presión laboral y el agotamiento emocional derivan en cuadros de ansiedad, insomnio, angustia y burnout. Los profesionales de la salud mental advierten que cada vez son más frecuentes las consultas vinculadas al estrés laboral docente, especialmente asociadas a la imposibilidad de conciliar la vida personal con la sobrecarga de trabajo.
La docencia, históricamente considerada una profesión vocacional, hoy enfrenta un escenario donde la vocación muchas veces queda subordinada a la urgencia económica. El desgaste emocional afecta la calidad de vida del docente y se su familia, al mismo tiempo que debe sostener prácticas pedagógicas de calidad en condiciones de extrema precariedad.
Hablar de educación implica también hablar de las condiciones materiales y emocionales de quienes enseñan. Garantizar salarios dignos y políticas de acompañamiento en salud mental no es solo una demanda sectorial, sino una necesidad social urgente para preservar la calidad educativa y el bienestar de los docentes de Córdoba, los mismos docentes que crean los pilares sobre los cuales se desarrollan profesionales como los que hoy deciden que la hora de trabajo de los docentes es de las más bajas entre diferentes sectores del país.
