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De la escondida al celular: cómo cambiaron los juegos de los chicos en apenas una generación

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Por Lic. Pamela Forestello

 


 

—¿Hasta qué hora te quedabas jugando en la calle?

Esta pregunta hecha a cualquier persona mayor (y no tanto) suele abrir una catarata de recuerdos. Los adultos hablan de tardes eternas, bicicletas apoyadas en los cordones, partidos de fútbol improvisados y escondidas que terminaban cuando alguna mamá llamaba a cenar desde la puerta de casa.

Mientras tanto, los chicos de hoy escuchan esas historias como si pertenecieran a otra “dimensión”. Y, en cierto modo, así es.

Una infancia que transcurría afuera

Durante décadas, en los pueblos del interior, la calle fue el gran patio de juegos. Los niños se encontraban sin necesidad de mensajes ni aplicaciones. Bastaba con salir de casa para saber quién estaba disponible para jugar. Cuanto mucho, había un horario para el encuentro en alguna esquina o punto intermedio.

Las escondidas, la mancha, las bolitas, el elástico, las figuritas, los autitos, la casita en algún árbol o túnel improvisado, los interminables partidos de fútbol ocupaban horas enteras. No había tutoriales ni reglas escritas en internet: las normas se discutían en el momento y muchas veces terminaban en alguna pelea que se resolvía minutos después.

Aquellos juegos tenían algo en común: obligaban a compartir tiempo cara a cara. Las mismas caras que hoy, décadas después, se cruzan y lo primero que surge es… ¿te acordás la casita del árbol? ¿te acordás cuando yo visitaba a Mariela y entonces me sumaba al equipo del picadito en el campito?

 

La revolución llegó en silencio

Los cambios no ocurrieron de un día para otro. Primero aparecieron los videojuegos, después las computadoras y finalmente los teléfonos inteligentes. Rápidamente, en muchos cumpleaños, Días del Niño y Navidades, estos se convirtieron en protagonistas de los paquetes.

Hoy muchos chicos juegan con personas que están a cientos o miles de kilómetros de distancia. Construyen mundos virtuales, participan en competencias online y se comunican por chat mientras juegan. Algunos bajo control parental, otros no.

La tecnología amplió posibilidades impensadas para generaciones anteriores. Sin embargo, también transformó profundamente la manera de relacionarse.Y esta nueva manera, se traslada, en muchos casos, al día a día… es común ver grupos de niños sentados uno al lado de otro, jugando mediante un dispositivo.

¿Mejor o peor? La pregunta que divide generaciones

Es común escuchar a los adultos afirmar que antes los chicos eran más felices o que los juegos de antes eran mejores. Pero la realidad suele ser más compleja, y no siempre todo es blanco o negro.

Los niños de hoy desarrollan habilidades distintas. Manejan tecnologías desde edades tempranas, acceden a información inmediata y participan de experiencias digitales que hace treinta años parecían ciencia ficción.

Al mismo tiempo, muchos especialistas señalan la importancia de mantener espacios de juego libre, actividad física y encuentros presenciales para favorecer el desarrollo emocional y social.

La discusión no parece estar entre elegir un mundo o el otro, sino encontrar un equilibrio.

Lo que nunca cambió

Más allá de la época, hay algo que permanece intacto: la necesidad de jugar.

Porque detrás de una pelota en la vereda o de una partida online existe la misma búsqueda. Divertirse. Compartir. Crear historias. Sentirse parte de un grupo.

Los escenarios cambian, las herramientas evolucionan y las costumbres se transforman. Pero la infancia sigue encontrando maneras de construir recuerdos.

Quizás por eso, cuando un abuelo cuenta cómo jugaba a la escondida bajo la luz de un farol y un nieto explica cómo ganó una partida con amigos conectados desde distintas ciudades, ambos están hablando de lo mismo: la alegría de jugar. Solo que cada generación lo hace a su manera.

¿Creés que los chicos de hoy se divierten más, menos o simplemente de una forma diferente? Te invitamos a compartir tu experiencia en los comentarios.

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