Por Lic. Pamela Forestello
Cada año, miles de estudiantes argentinos dan el salto de la escuela primaria a la secundaria con una expectativa compartida: aprender más, crecer, encontrar su lugar. Sin embargo, para muchos, ese paso se vuelve cuesta arriba por una dificultad silenciosa pero decisiva: la comprensión lectora.
Docentes de distintas provincias coinciden en una preocupación creciente. No se trata solo de que los estudiantes “lean poco”, sino de que les cuesta comprender consignas, interpretar textos, establecer relaciones entre ideas o incluso sostener la atención en materiales escritos más extensos. En un sistema educativo donde gran parte del aprendizaje se apoya en la lectura, esta dificultad impacta directamente en el rendimiento general y en la trayectoria escolar.
Un problema que no empieza en secundaria
Especialistas señalan que las dificultades de lectocomprensión no aparecen de un día para otro. Son el resultado de procesos que se arrastran desde la primaria y, en muchos casos, desde los primeros años de alfabetización.
Entre las posibles causas se destacan:
- Desigualdades educativas acumuladas: no todos los estudiantes acceden a las mismas oportunidades de aprendizaje, recursos o acompañamiento.
- Cambios en los hábitos culturales: el consumo fragmentado de información, especialmente en redes sociales, puede dificultar la lectura sostenida y profunda.
- Impacto de la pandemia: la discontinuidad pedagógica dejó huellas en los procesos de adquisición de habilidades básicas.
- Escaso entrenamiento en comprensión: muchas veces se prioriza la decodificación (leer en voz alta) por sobre la interpretación crítica del texto.
- Falta de hábitos lectores en el entorno familiar: el contacto cotidiano con la lectura sigue siendo un factor clave.
Por otro lado, se suma un punto que divide las ideas entre los involucrados en las políticas educativas: la no repitencia de la escuela primaria. Los estudiantes avanzan en su trayectoria hasta egresar, y en muchos casos, no han obtenido habilidades mínimas de lectoescritura, lo que sin dudas se convierte en el primer obstáculo para el siguiente nivel.
A esto se suma un cambio estructural: la secundaria exige mayor autonomía, capacidad de organización y un tipo de lectura más compleja, ligada a distintos campos del conocimiento. Además, es notorio el aumento de repitentes en el primer año del nivel medio, lo que impacta de manera muy fuerte en los adolescentes y sus familias.

El “oficio de estudiante”: una construcción necesaria
Ingresar a la secundaria implica aprender algo más que contenidos: implica construir el llamado “oficio de estudiante”. Esto incluye saber cómo estudiar, cómo organizar el tiempo, cómo abordar un texto, cómo resumir, cómo preguntar. No significa esto que no se trabaje en la escuela primaria sobre estos temas, todo lo contrario, sin embargo aumenta el número de niños y niñas que no logran incorporar este oficio, por diversas causas como la gran cantidad de inasistencias, la falta de seguimiento de sus familias, etc.
Cuando estas herramientas no están desarrolladas, el estudiante no solo tiene dificultades para comprender lo que lee, sino también para sostener su trayectoria escolar. Aparecen el desinterés, la frustración y, en muchos casos, el abandono.
Por eso, cada vez más voces dentro del sistema educativo subrayan la importancia de acompañar activamente las trayectorias escolares, especialmente en los primeros años de secundaria.
Acompañar, sostener, enseñar a aprender
El acompañamiento no se limita al aula. Implica una red que incluye a la escuela, la familia y, en muchos casos, espacios extraescolares.
Entre las estrategias más efectivas se destacan:
- Clases de apoyo o tutorías personalizadas, donde se trabaja específicamente la comprensión de textos y la resolución de consignas.
- Acompañamiento de trayectorias: profesionales que se ocupan en pequeños encuentros a ayudar a los estudiantes a organizar carpetas, armar agendas de estudio, hacer un seguimiento de las tareas, etc.
- Talleres de técnicas de estudio, orientados a enseñar a subrayar, resumir, organizar información y planificar tiempos.
- Espacios de lectura guiada, que promuevan el disfrute y el desarrollo progresivo de habilidades lectoras.
- Intervenciones tempranas, que detecten dificultades antes de que se profundicen.
Desde el ámbito psicológico, también se enfatiza la importancia de acompañar los aspectos emocionales vinculados al aprendizaje. La frustración, la baja autoestima académica o el miedo al error pueden obstaculizar aún más los procesos de comprensión.

Un desafío colectivo
La problemática de la lectocomprensión en secundaria no puede reducirse a una responsabilidad individual del estudiante. Se trata de un fenómeno complejo que interpela al sistema educativo en su conjunto y a la familia como pilar.
Fortalecer la alfabetización, revisar las prácticas de enseñanza, generar dispositivos de acompañamiento y promover el acceso equitativo a oportunidades educativas son pasos fundamentales para revertir esta tendencia. Y claramente no son acciones que puedan llevar adelante de manera unilateral los docentes dentro de un aula, sino que se necesita de la participación activa de los adultos responsables de los estudiantes en la toma de decisiones tempranas referentes al acompañamiento de sus trayectorias.
Porque, en definitiva, aprender a comprender lo que se lee no es solo una herramienta escolar: es una condición básica para participar plenamente en la vida social, cultural y democrática.
Y ese aprendizaje, lejos de ser automático, necesita tiempo, enseñanza y, sobre todo, acompañamiento.
