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Acompañar las trayectorias escolares puede cambiar el año de un adolescente

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Por Lic. Pamela Forestello

Cada fin de año, la escena se repite en muchas familias del interior argentino: carpetas incompletas, materias acumuladas, estudiantes agotados y padres preocupados intentando entender qué pasó durante el ciclo lectivo. Detrás de esas situaciones no siempre hay falta de capacidad o desinterés. Muchas veces, lo que falta es algo menos visible, pero fundamental: aprender el oficio de ser estudiante.


 

En la escuela secundaria, especialmente durante los primeros años, numerosos adolescentes llegan sin herramientas claras para organizar sus tiempos, tomar apuntes, estudiar de manera autónoma o sostener una rutina académica. Y cuando esas habilidades no se construyen a tiempo, los aprendizajes comienzan a acumularse como una bola de nieve difícil de detener.

Por eso, cada vez más docentes y especialistas remarcan la importancia del acompañamiento de trayectorias escolares: espacios donde los estudiantes pueden aprender a organizar carpetas, interpretar consignas, preparar evaluaciones, ordenar materiales y ganar confianza en sí mismos.

“Muchos chicos no saben estudiar porque nadie se los enseñó. Creemos que eso viene incorporado, pero en realidad también se aprende”, explica una docente de nivel secundario de la provincia de Córdoba. “A veces el problema no es el contenido, sino el caos: no encuentran las hojas, no entienden qué tarea tenían que hacer o sienten que ya están demasiado atrasados para empezar”.

Hay dos factores que son claves:

  • Uno es creer que estudiar es un saber innato. Error, a estudiar se aprende y algunos niños no han aprendido o no han fortalecido ese aprendizaje durante sus primeros años de escolarización.
  • En segundo lugar, se piensa que el problema está en la dificultad del contenido, pero generalmente el problema es el “caos”: mochilas repletas de hojas sueltas y mezcladas, tareas que no comprenden o saben debían hacer, la sensación que ya se atrasaron y la dificultad para gestionar el tiempo y retomar.

La organización escolar impacta directamente en la autoestima. Cuando un estudiante logra tener su carpeta completa, seguir una clase o entregar una actividad a tiempo, empieza a recuperar seguridad. Esa confianza, sostienen los especialistas, es clave para evitar el abandono emocional de la escuela, un fenómeno silencioso que ocurre cuando el alumno todavía asiste, pero siente que ya no puede alcanzar a sus compañeros. Ese “desinterés” suele ser el escudo para no reflejar su sensación de “no poder” y no saber pedir ayuda.

El acompañamiento temprano también permite prevenir la acumulación de materias pendientes. En muchas ocasiones, los estudiantes llegan a diciembre con trabajos prácticos sin entregar, contenidos sin comprender y evaluaciones desaprobadas que podrían haberse resuelto con intervenciones más pequeñas y constantes durante el año.

Cuando los estudiantes comienzan a recibir acompañamiento extraescolar, las mejoras en sus resultados son visibles. Y es importante recalcar que no se trata de que vayan a una particular a hacer la tarea o estudiar el día previo a una prueba. El objetivo no es solamente aprobar materias, sino formar estudiantes autónomos, capaces de organizarse y sostener hábitos de estudio.

En tiempos donde las distracciones digitales, la ansiedad y el cansancio atraviesan a gran parte de los niños y adolescentes, enseñar a estudiar se volvió tan importante como enseñar contenidos. Porque detrás de una carpeta ordenada puede empezar a construirse algo mucho más profundo: la seguridad de sentir que sí se puede aprender.

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