Ir al contenido

Escapes libre, hacer un willy, y el debate que escala en Huinca

Compartir:

Por Lic.Pamela Forestello

Entre el peligro inminente de un accidente grave y el impacto en la salud mental de los vecinos, la convivencia en el espacio público atraviesa su punto más tenso.


 

Pocos son los vecinos que no han presenciado esta imagen cualquier día del año. Algunos mientras tomaban mates en la plaza, otros mientras daban la famosa “vuelta del perro” por las calles de la ciudad, otros simplemente escucharon cuando intentaban tener un descanso.

De un momento a otro, una moto pasa en una sola rueda por la avenida principal, esquivando autos a centímetros y zigzagueando… muchas veces con un acompañante que se agarra como puede. La escena, dejó de ser una simple imprudencia juvenil para convertirse en uno de los focos de conflicto urbano más ardientes del interior cordobés.

El escape libre: cuando el ruido se vuelve agresión

El uso de caños de escape modificados o directamente “libres” no es un detalle estético ni un descuido; es una elección deliberada que (tal vez no todos lo sepan) genera contaminación acústica extrema.

Y esta problemática toma mayor ´relevancia cuando el ruido impacta en los sectores más vulnerables. Por solo mencionar algunos:

  • Niños con condición del espectro autista (TEA) u otras personas con hipersensibilidad auditiva.Las explosiones del escape pueden generar crisis, angustia y dolor físico.
  • Adultos mayores y enfermos: Las interrupciones abruptas del descanso generadas por estos ruidos pueden derivar en picos de presión y estrés.
  • Mascotas: En este grupo el efecto puedo representar pérdida de orientación, huidas hacia la calle y, por ende, terminar en accidentes viales.

La acrobacia del riesgo

A la contaminación sonora se le suma la maniobra de mayor riesgo: el famoso y eterno “willy”, prolongado a lo largo de varias cuadras esquivando otros vehículos. Cabe destacar que la gravedad aumenta de forma drástica cuando la motocicleta lleva un pasajero a bordo. De hecho, se han visto videos circular en redes con este tipo de maniobras y en algunos, incluso, llevan niños pequeños.

En esa postura, la visibilidad del conductor y la capacidad de frenado se reducen y cualquier imperfección en el asfalto o maniobra inesperada de un auto podría terminar en caída. Viajar como acompañante en esas condiciones implica entregar la integridad física a la suerte. Por más experto que sea quien esté al volante, hay que reconocer que el acompañante no tiene margen de reacción ante un impacto.

Entre el control municipal y la responsabilidad familiar

Frente a esta situación, la conversación en la calle se divide. Por un lado, los vecinos exigen un rol más firme de los inspectores de tránsito. Por el otro, las autoridades suelen señalar la complejidad de los operativos.

Surge entonces la pregunta inevitable: ¿hasta dónde llega el control estatal y dónde empieza la responsabilidad de las familias? Muchas de las motos involucradas pertenecen a menores de edad o son utilizadas con el conocimiento de los adultos a cargo.

El debate está servido en cada esquina y urge encontrar soluciones definitivas antes de que la imprudencia se transforme en una fatalidad.

¿Cómo se vive esta situación en tu barrio o localidad? ¿Considerás que la solución pasa por controles más estrictos o por un cambio en la educación vial desde la casa? Dejá tu opinión en los comentarios.

 

Compartir: