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Entre la Scaloneta y el misterio de las cábalas de pueblo: El ritual sagrado que no se negocia

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Por Lic. Pamela Forestello

Hay cosas que en el interior de Córdoba cambian lento, o directamente no cambian. El sol pega igual en la plaza, las tardecitas se siguen prestando para el mate con criollitos y el almuerzo familiar de domingo sigue teniendo ese gustito a reunión indispensable. Pero cuando la Selección Argentina sale a la cancha, todo lo que consideramos “normal” entra en un paréntesis mágico. El fútbol en estas tierras no es solo un partido; es una coreografía comunitaria de fe, herencia y, sobre todo, de cábalas colectivas.


 

Pareciera que Lionel Scaloni y sus muchachos nos han acostumbraron a sonreír, con el bicampeonato de América en 2024 metido en el bolsillo y el andar firme hacia lo que viene, y ante una selección tan humana, los argentinos fuimos perfeccionando un arte invisible, pero riguroso: el de los rituales que “ayudan” a que la pelota entre.

Porque seamos honestos: nadie en su sano juicio en Jovita, Villa Huidobro, Laboulaye o acá a la vuelta cree que el destino de un partido depende únicamente del esfuerzo de Messi o de las manos milagrosas del Dibu Martínez. Nosotros, desde el sillón de casa, sentimos que estamos jugando el partido de nuestras vidas.

El mapa de la fe en el living de casa

Las cábalas cambian según la geografía del hogar, pero mantienen reglas de oro que no se pueden quebrar bajo pena de “mufa”.

  • La congeladora de rivales: Un clásico que sobrevive a las generaciones. El nombre del delantero estrella del equipo contrario se escribe en un papelito arrugado y va directo al freezer, al lado de los hielos o la imagen del arquero contrario cubierta de hielo compartida en todos los grupos de Whatsapp. Si funciona, no se toca hasta el pitazo final.
  • La tiranía del sillón: El que se sentó en la punta derecha durante el debut, se queda ahí. Aunque la espalda le pase factura, aunque el resorte del sillón viejo esté pidiendo auxilio. Moverse es traición.
  • El apagón de celulares: Están quienes deciden no mirar las redes para no atrasarse con los gritos de gol de los vecinos, y los que eligen ver el partido completamente solos en una pieza, como un monje en plena meditación.
  • Los accesorios o prendas que no pueden faltar: La misma ropa, una muñeca sentada frente al televisor, la medallita que viene desde el mundial anterior… todo se repite y si llegamos a olvidarnos de algo y nos hacen un gol… a salir corriendo para volver todo al mismo estado de antes.

¿Y por acá cómo nos preparamos?

El Mundial no es solo de los que viajan; se juega con la misma intensidad en cada rincón, compartiendo el mismo nerviosismo que se corta con cuchillo.

Por eso, la pregunta queda flotando en el aire de cada asado y de cada previa familiar:

Queremos leerte en los comentarios: ¿Cuál es esa cábala sagrada que no rompés por nada del mundo?

Contanos tu historia. Al fin y al cabo, este ritual lo jugamos y lo empujamos entre todos.

 

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